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Una vuelta al medievo

La villa del cerco rememoró su historia con cetrería, artesanos y teatro callejero

Artajona se sumergió en su pasado.

Artajona se sumergió este fin de semana en su pasado.

Telares con escudos colgando de ventanas y balcones; artajoneses ataviados con trajes antiguos con verdes, amarillos y azules; un mago que recordaba sospechosamente a Gandalf; soldados con pesadas cotas de malla de acero, espadas y cruces cristianas en el pecho; o puestos de instrumentos musicales y ungüentos hechos a mano fueron algunas de las características de la localidad esos días que, así festejó desde el viernes hasta el domingo, su XII Encuentro con la Historia de Artajona.

La feria medieval comenzó ya el viernes con una conferencia sobre astronomía y una observación del cielo desde el Cerco con telescopios. Sin embargo, el pregón e inauguración del evento transcurrieron el sábado a las 12.00 horas, a cargo en esta ocasión del humorista gráfico César Oroz.

La festividad, celebrada desde hace doce años el último fin de semana de agosto, pretende recordar y dar a conocer a los asistentes la rica historia de la villa en la época de las Cruzadas. “Se trata de unos días muy ajetreados, pero se esperan con mucha ilusión”, expresó Inmaculada Guergué, concejal de Cultura.

Tras la lectura del pregón, los caballeros de la Orden de la Jarra recrearon unos agresivos duelos. Los guerreros portaban espadas y hachas de unos dos kilos y una vestimenta de hasta 30: una cota de malla (para impedir los cortes) de unos 10 kilos; una brigantina laminada (coraza de cuero o acero), entre 5 y 9 kilos; un gambesón (para evitar los cardenales en la piel), más ligero puesto que estaba hecho de lino; y una sobrevesta (especie de túnica que, según los colores, distinguían de qué bando era cada caballero).

Después de los combates, vecinos de Artajona representaron La leyenda del capitán Lasterra, obra que no se hacía desde dos años atrás. Se dramatizó así el regreso de Saturnino de Lasterra que luchó en las Cruzadas y la historia cuenta que no quiso riquezas como recompensa; por ello, se le entregó una imagen de la Virgen de Jerusalén. En el camino de vuelta, como no disponía de oro, en cada pensión que se hospedó pagaba con la talla de la Virgen (o con trozos de esta, según versiones) que milagrosamente regresaban a su saca cada noche.

Artajoneses y visitantes continuaron el día medieval con música y gigantes, una comida popular, otra exhibición de cetrería o un bingo entre otras actividades. Además, a las 18.30 horas, bandearon las campanas. Un sonido que se consigue a mano por tres personas por campana y cuya historia cuenta que solo dejaron de sonar durante la Guerra Civil y la restauración del Cerco.

La feria terminó la noche del domingo con el cierre del mercado hacia las ocho y media. Mientras tanto, los 50 puesto de artesanía de los vecinos, la música, los atuendos medievales y la invitación a visitar el pueblo a quien quisiera conocer su historia permanecieron en esta histórica villa.

Leído en http://www.noticiasdenavarra.com/

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